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De un tiempo a aquí me estoy dando permiso para

Decir lo que pienso y siento sin dejarme condicionar por  la reacción del otro.

Mirar hacia atrás cuando sé que me va a servir para mejorar lo que me viene.

 Fallar a pesar de las atribuciones que tenía el fallo para mí, porque veo en él el aprendizaje y la oportunidad como nunca.

Sentir la tristeza a pesar de que duele mucho y no apartarla por creer que no podía con ella.

Reconocer mis errores y pedir disculpas por ellos si molestaron a alguien.

Emocionarme con aquello que para otro puede ser insignificante, dejándome guiar por mi sensibilidad que a menudo ponen mis emociones a flor de piel y compartiéndolo a pesar de que la otra persona no sea capaz de entenderme.

Reconocer lo que me sigue doliendo a pesar de los años, lo que me cuesta aceptar y entender, lo que me da rabia, lo que veo injusto, lo que me gustaría que fuese de otra forma…. porque considero que ante todo soy humana y me resulta muy difícil entender ciertas cosas.

Poder ver  todas aquellas cualidades que me gustan de mí y también las que no sin sentirme con el peso de la culpa o el autocastigo.

Decirme y reconocerme cada día lo valiosa que soy como persona que vino a este mundo para cumplir una misión que cada vez tengo más clara.

Reconocerme todos mis avances y mejoras sin sonarme a pedantería ni nada por el estilo y sin compararme con nadie más que conmigo misma.

Trabajarme los miedos, la intolerancia hacia mí o hacia ciertos actos de los demás, si lo estimo conveniente y si veo que estoy preparada para ello.

Escucharme desde muy adentro para saber realmente lo que quiero sin dejarme llevar por el deseo de gustar a los demás  y  sintiendo así  la mayor libertad posible que se puede imaginar y para nada pensar que soy egoísta. Hacer a veces lo que me da la gana porque me da la gana sin enjuiciarme por ello.

 Mostrar mi lado más cariñoso cuando y a quienes me apetece y no sentirme mal por no hacerlo con quien se supone que “debería” hacerlo.

Reconocer mis juicios y  prejuicios para poder trabajarlos, manejarlos e  integrarlos en mi vida imperfecta sin ponerme de los nervios.

Mostrarme tal y como soy, sin estar focalizada en los defectos y sintiéndome mal porque pienso que no voy a ser aprobada por los demás.  Utilizando los fallos para tomar consciencia de mejorarlos y las virtudes para reforzar lo que realmente soy en esencia.

Que me importe cada vez  menos la opinión de los demás y más la mía propia, prescindiendo del gran peso del halago y valorando sobre todo la sencillez en mí y en lo que me rodea, aceptándome tal y como soy, puliendo todo aquello que desee y que considere me hará aún más valiosa, sin la sombra del  perfeccionismo.