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Cuando la vida nos pone delante pistas para que nos tomemos un tiempo y echemos un vistazo sobre cómo estamos transitando por ella, cuando nos avisa ya sea mediante síntomas físicos o psicológicos que una paradita nos va a venir más que bien, cuando aprovechamos ese tiempo para ver realmente si vivimos con plenitud y con la paz que tanto ansiamos es cuando realmente comprobamos la manera tan inconsciente  e inadecuada a veces en la que nos estamos tratando a nosotros mismos.

Es cuando también vemos con más claridad si nos gusta la persona con la que nos encontramos cuando estamos a solas, el discurso interno que nos decimos que a pesar de estar siempre presente se hace aún más perceptible en esos momentos de soledad con uno mismo, la forma en la que manejamos nuestro interior, nuestras emociones, que se exacerban aún más en estas situaciones, el conocer con qué herramientas contamos para hacer frente a esto y si las queremos poner en marcha o si en cambio no paramos de rumiar acerca de lo desgraciado de nuestra situación quedándonos por ello paralizados.

Todo pasa  por y para algo, sin duda, lo importante es el darse cuenta de qué nos está queriendo decir nuestro ser, físico y mental, teniendo claro como premisa que ambos se retroalimentan y que la mayoría de dolencias físicas tienen su base en lo psíquico y que el cuerpo es un reflejo del aspecto físico de la personalidad y que por tanto los mensajes que nos damos no pasan desapercibido en nuestro organismo.

Escuchemos los mensajes de nuestro cuerpo, aprendamos a hacerlo si nos cuesta, no es tan complicado, solo basta con pararse y ver qué tipo de pensamientos, emociones y sentimientos se despiertan con el solo hecho de PARARNOS, asunto que para algunas personas entiendo que puede resultar impensable ya que ¿cómo pararse si hay tanto que hacer  para poder avanzar, ser mejor cada día y no quedarse estancado? Pero es importante entender que se trata precisamente de lo contrario a menudo, como no se avanza en absoluto es por ese camino, que nos lleva además de a la ansiedad a tener todo tipo de dolencias físicas y psíquicas que nos frenan hacia la consecución de nuestros objetivos, puestos a veces con demasiada autoexigencia y basados en necesidades más que en preferencias.

Todos tenemos dentro las respuestas, sabemos en nuestro interior lo que nos hace plenamente felices, íntegros, lo que nos hace sentirnos realizados, pero de verdad, no  quedándonos en lo superficial, en lo que nos da gratificaciones inmediatas que luego se desvanecen como la espuma, si no en lo que realmente nos llega al alma, nos la acaricia y nos la alegra con tal intensidad que no se puede comparar con nada terrenal o material.

El trabajo se encamina pues hacia  la  tarea dura y difícil pero gratificante donde las haya del autoconocimiento  y autoapoyo.  En conectar con nuestra esencia, lo que realmente somos y que es tan complicado ver porque es algo que no está tan a la mano como pensamos, no es tan consciente como deseamos, sin embargo se consigue si nos concentramos y mejoramos nuestra escucha interior en el momento presente, en el Aquí y Ahora.