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“El tango es un pensamiento triste que se baila” Enrique Santos Discépolo.

Cada vez es más común el uso de  tratamientos que combinan neurociencias con terapias basadas en las artes, encontrándose evidencias de que se trata de una novedosa alternativa a los utilizados en pacientes con  problemas neurológicos  de cualquier edad. Son innumerables los beneficios que el tango en concreto aporta al funcionamiento cerebral y psicológico del  ser humano  y al tratarse de una actividad lúdica nos ayuda a cuidarnos pasándolo bien,  y sin darnos cuenta nos protege el cerebro previniendo demencias como  la  Enfermedad de Alzheimer y el envejecimiento cerebral  en general (revierte la pérdida de volumen del hipocampo, zona del cerebro con un importante papel en la memoria).

Está comprobado que con el tango se  consigue estimulación física (Bailando se aumenta la dopamina, neurotransmisor del placer y la oxitocina, hormona del vínculo, al abrazarnos con la otra persona), cognitiva (a largo plazo mejora la concentración sostenida, percepción, memoria,  toma de decisiones rápida y continua, hace que reinventemos constantemente aumentando la capacidad de planificación y  plasticidad cerebral,  mantiene nuestras neuronas activas y enriquece  la capacidad visoespacial ), emocional  (se experimentan sensaciones y emociones que es difícil dejar salir en otras circunstancias, mejora el estado de ánimo de forma natural liberando serotonina, se canalizan emociones de forma adecuada y nos ayuda de este modo a conectar mejor con uno mismo y con los demás) y social (al tratarse de un baile en el que se cambia a menudo de pareja y que se hace en grupos se suelen mejorar las relaciones sociales). La autoestima se ve mejorada  ya que al ir aprendiendo pasos de baile se experimenta un incremento  de confianza en uno mismo y mejora nuestro autoconcepto, de este modo el baile  ayuda a superar la timidez, en concreto el miedo escénico.

Medicina para el alma.

Para las personas que no conozcan bien este baile el papel del hombre es la improvisación y guiar a la mujer en sus pasos  y desde sus sensaciones vivir la música  alimentándose de las sensaciones de la pareja, respetando sus tiempos y escuchando sus necesidades. En la mujer prima el dejarse llevar, sintiendo la música e interpretándola desde los sentimientos que le produce, se trata de apagar el cerebro y abrir el corazón. Cuando se consigue una verdadera conexión entre los miembros de la pareja se refleja en la pista de baile mediante la perfecta coordinación entre ambos, yendo al unísono y dejando salir un conjunto de sensaciones  y una energía de forma automática, sin pensar ni planificar, que no solo la pareja que baila lo percibe, creándose un momento mágico entre dos personas que sienten la misma pasión por el baile y la música y por interpretarla a través de sus sentidos.