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El origen de muchos males emocionales  viene de la mala costumbre que tenemos a menudo de  olvidarnos de nosotros mismos, de nuestra alma,  lo que realmente somos,  lo que realmente queremos y   lo que nos apasiona.

Estamos  formados de una parte física, otra mental, otra emocional y por último una espiritual (llamada alma, energía). El mundo actual en el que nos desenvolvemos cuida mucho la imagen física,  nos trasmite a todas horas lo importante que es el cuerpo, lo externo, la belleza, pero deja bastante atrás lo que se refiere a lo emocional, a aprender a manejar nuestras emociones desde pequeños, aunque afortunadamente cada vez hay una mayor consciencia de esto. Y si nos metemos en lo espiritual es algo más olvidado aún, no se suele transmitir la importancia de cultivar esa parte de nosotros que se ha comprobado durante siglos que es el aspecto más sabio del ser humano y a la que debemos hacer mucho más caso del que hacemos normalmente.

El malestar psicológico  por tanto viene cuando nos olvidamos de nuestra parte espiritual,  cuando no decimos lo que pensamos o queremos por el miedo a no tener la aprobación de los demás, cuando no hacemos lo que nuestra intuición nos dice porque estamos demasiado ocupados analizando todo lo que nos rodea y porque no confiamos en ella,  cada vez que actuamos boicoteándonos nuestra propia felicidad  influenciados por los miedos en vez de dejarnos llevar por lo que nos dicta el corazón.

Me impresiona que en los tiempos en los que estamos,  donde no paran de haber avances impresionantes en tantos aspectos, hayan tantas personas que siguen viviendo o más bien sobreviviendo casi como robots debido a que se  olvidan de ellos mismos, a  que dejan a un lado su alma y sus emociones que  viven como dolorosas y no se ocupan en aprender a gestionarlas. Entiendo que es porque estamos educados en general para evitar el dolor porque es interpretado como algo negativo y por tanto lo que hacemos es negarlo, esconderlo, obviarlo e intentar curarlo mediante el olvido en vez de trabajar con él para superarlo. Por el contrario lo que se suele hacer es ponerse una coraza para protegerse o una careta para mostrar al mundo lo contrario de lo que sentimos realmente y a menudo de forma totalmente inconsciente, sin embargo no se resuelve así en absoluto.

En general los humanos llevamos un ritmo de vida frenético, donde no nos paramos a mirarnos por dentro y dejarnos sentir de verdad y con ello nos sentimos rotos, con los respectivos daños sin sanar  porque no tenemos tiempo de entretenernos en sanarlos, ya que tenemos cosas más importantes a las que atender, cuando precisamente eso debe ser lo más importante para vivir con plenitud.

Nos olvidamos de nuestros sueños porque estamos tan fragmentados que no podemos unir las piezas y no sabemos ya ni  siquiera quien somos realmente. Esto hace que nos sintamos vacíos, sin energía ni fuerzas, sin ilusión, y en este estado de anulación personal, de no vernos a nosotros mismos lo que surge es una inseguridad tan grande que nos lleva a darle a los demás el poder de nuestro bienestar y felicidad, dejamos que guíen nuestra vida, que nos digan cómo debemos vivirla, cómo debemos ser, si debemos tener pareja o no, si debemos trabajar en tal o cual trabajo, cómo debemos vestir, cómo debemos sentirnos, en definitiva cómo debemos vivir.

Y lo que nos hace feliz precisamente es estar en paz con uno mismo y SER esa persona que somos en esencia, esa persona que habla cuando se van los miedos y cuyo objetivo principal es disfrutar sin más, persona en la que existe una coherencia entre lo que quiere, desea, siente y hace,  que  está donde quiere y con quien quiere realmente, haciendo lo que le apasiona, tocando el cielo en muchos momentos y aceptando igualmente los que no, que  ve sus fallos y no los rechaza porque son parte suya  y que ama por encima de todo y a pesar de todas las cosas que pueden ocurrir a su alrededor, con  la capacidad de aprender  y que  vive cada día como si fuese el último de su vida,  porque cada día es único e irrepetible. Y sobre todo que no quiere conseguir su bienestar con cosas o personas externas.

 La felicidad está dentro de cada uno, ¡no te abandones!